El banquete de la transición
Todavía algunos —como yo— estamos digiriendo el madrugonazo del 3 de enero, cuando el gobierno de los Estados Unidos, en una operación militar descrita como “quirúrgica”, irrumpió en el cielo caraqueño para “extraer” a Nicolás Maduro y a su “primera combatiente”, Cilia Flores, ambos acusados de narcoterrorismo en una corte de Nueva York.
La operación se llamó “Resolución Absoluta”, casi como una sentencia.
Aquella acción dio para comer todo el día: desde el análisis militar de la incursión y su impacto, capaz de despertar a las cadenas de noticias en pleno sábado de entretenimiento, pasando por la concurrida y prometedora conferencia de prensa del Presidente, Donald Trump y el secretario de Estado, Marco Rubio, donde prometieron encargarse de “gobernar” Venezuela para make it great again; hasta la cena, cuando entre lágrimas y emociones encontradas, propios y ajenos vimos caer la noche en Nueva York y, como en una escena de película, los helicópteros sobrevolar la Estatua de la Libertad antes de aterrizar y trasladar a los detenidos al mismísimo infierno de Brooklyn, donde esperarían su audiencia preliminar el lunes 5 de enero ante el juez del Distrito Sur, Alvin K. Hellerstein.
La rana había sido hervida (metáfora de la estrategia que asumo se aplicó para atrapar a Maduro) y, en este punto de cocción, comenzaba a servirse “el banquete” de lo que algunos llaman la transición venezolana.
La aplicación de ese término, definido por la RAE como la acción y efecto de pasar de un modo de ser o estar a otro distinto, hoy genera dudas en la geopolítica global y, especialmente, en la sociedad venezolana. Ese “cambio de ser” tiene como protagonistas a cuatro figuras principales del gobierno estadounidense, y al propio Trump, según sus declaraciones y, en Venezuela, a Delcy Rodríguez, como presidenta interina de facto.
En esa mesa también hay un invitado que para algunos puede resultar incómodo: el ministro de Interior, Justicia y Paz, jefe político del régimen, Diosdado Cabello.
Según Marco Rubio el banquete de la transición será servido en 3 tiempos solapados:
-Estabilización para poner orden
-Recuperación de la economía e institucionalidad del país
-Transición a través del cambio político para la gobernabilidad
Sin embargo, hoy se discute abiertamente que a esa mesa le faltan un par de comensales que representan a un gran sector de la sociedad civil venezolana: María Corina Machado, líder de las fuerzas democráticas, y Edmundo González, quien, según evidencia, resultó electo Presidente en la disputada elección del 28 de julio de 2024 que fue adjudicada a la coalición de Maduro.
Con el menú que está servido, ambos parecen haber sido invitados apenas como espectadores de los dos primeros tiempos, hasta que se disponga la mesa para servir el plato hondo de las elecciones libres y la garantía de gobernabilidad post interinato.
Para aliviar la polémica del buffet político tras la “extracción”, el propio mandatario de los Estados Unidos ofreció un discreto almuerzo a la líder venezolana María Corina Machado: un encuentro de reconocimiento, elogios y un mensaje directo a quienes sirven el festín desde Caracas.
Aunque la sobremesa de Trump y Corina desató una campaña orquestada de antitrumpismo, antimariacorinismo y teorías sobre lo que se vió (y lo que no) en aquel encuentro, públicamente trascendió por un gesto simbólico: la entrega de la medalla que acredita a Machado como merecedora del Premio Nobel de la Paz 2025, presea que Trump ha reconocido públicamente ambicionar.
Después de tanta comedera entre lo simple, lo amargo y lo salado, por ahora el único que parece comerse un dulcito de lechosa es Trump. El éxito de una operación quirúrgica que desmontó la teoría del caos que podía desatarse en Venezuela, le permite hoy afirmar que detuvo al jefe, Nicolás Maduro, quien espera juicio.
Mientras tanto, Delcy “la interina“ más allá de discursos y consignas repetidas, se muestra “diplomáticamente” dispuesta a ceder ante las peticiones, ¿o son órdenes?, de Washington DC y María Corina, en la alternativa, espera en el banquillo, confiando en la determinación de su nuevo amigo.
El banquete que se sirve de la transición promete ser pagado con millones de dólares y un acuerdo energético sostenido con barriles de petróleo.