El poder y los espejos que ya no están

El poder y los espejos que ya no están

Disclaimer: Que las cosas estén cambiando no quiere decir que el cambio sea permanente, definitivo, o justo lo que queremos. A veces el optimismo se adelanta a los hechos y la realidad cae con fuerza.

En el espejo solo vemos lo que el espacio decide devolver y todo lo demás, aunque exista, queda fuera del marco.

En el inmenso palacio de Miraflores -sede del gobierno venezolano- hay una sala imponente que sirve a la diplomacia nacional. Hoy se llama Salón Simón Bolívar, en el pasado, fue el mítico “Salón de los espejos”.

Pero los espejos ya no están, parece que ahí adentro nadie quiere incomodarse con una imagen que no habla, pero responde.

Un espejo puede alterar la perspectiva, pero no cambia la realidad, y un régimen caracterizado por la propaganda ideológica es experto en vender cambios donde solo hay reacomodos.

Eso que hoy nos presentan como “transición” empieza a parecerse más a una metamorfosis: la reingeniería del chavismo para sobrevivir, reorganizarse para mantener el poder político, pese a la captura de Maduro y bajo la amenaza de la Administración Trump.

La pregunta resulta inevitable ¿Estamos viendo el interinato de Delcy en el espejo correcto?

22 días han pasado desde la captura de Maduro y el cambio, a cuenta gotas, no parece la transformación estructural que la propaganda oficial intenta vendernos.

El reflejo de Delcy Rodríguez, como líder fáctica del gobierno venezolano, la muestra cohesionada con el aparato histórico del régimen, eso que ellos llaman “Unión Cívico-Militar”. El poder se garantiza a través del sometimiento de las instituciones de Estado y los órganos represivos, que parecen inútiles ante una incursión extranjera pero son efectivos para el terror interno.

En ese reflejo se observan nuevos actores:

El ala academica-religiosa urgida por dar paso a una etapa ligera de política venezolana -menos confrontación-

Un ala empresarial y boliburguesa “los apellidos” dispuestos a amordazarse a cambio de libertad financiera y dólares baratos.

El ala internacional comercial-diplomática “cansada” de lidiar con el problema venezolano, busca estabilizar el caos para frenar la migración. Y el grupo de la oposición “moderada” resignada a pequeñas cuotas de poder para enaltecer sus egos, echar asfalto y organizar ferias locales.

A todos los anteriores podemos llamarlos “los normalizadores”.

En paralelo, la sombra del pragmatismo geopolítico: el proyecto de la Administración Trump que apunta a hacer Venezuela great again, consolidándose como su primer socio comercial, con el menor costo político y en la mayor brevedad posible, sin dejar de escuchar las voces más críticas de la oposición venezolana bajo la promesa de unas elecciones libres “en algún momento”.

Estados Unidos parece necesitar una contraparte en Venezuela que deje de ser disruptiva y problemática en la región, ofreciendo relaciones bilaterales manejables, como ocurre con México y Colombia. Y eso no implica un cambio a un gobierno liberal o democrático, se puede convivir con una “dictablanda”.

Lo que muestra el espejo que ya no está -cambia la perspectiva y no altera la realidad- es que el chavismo tiene la oportunidad de mantenerse en el poder bajo una ilusión de renacimiento económico: con medidas cautelares sin libertad plena, haciendo pequeñas concesiones políticas, depurando el discurso ideológico y a través de señales suficientes para no incomodar a los aliados internacionales dispuestos a hacer las pases, así las relaciones sean “asperas”.

Cambiar las salas para no ceder el palacio.

Una ecuación simple que implica una limpieza interna discreta, apertura controlada y aislamiento del liderazgo opositor para enfrentar el futuro escenario electoral con ventaja competitiva.

Mantengo el control político bajo la consigna “Después de nosotros, el caos” porque el chavismo no está dejando el poder, ni cayendo poco a poco, puede estar aprendiendo a no caerse nunca, a quedarse sin parecerse a ellos mismos.

Si mañana necesitan reinaugurar el Salón de los espejos no será para verse a sí mismos, será para que otros crean lo que están mirando, porque al poder le basta con controlar el reflejo.

Cambios que no transforman nada, el palacio intacto y el poder en las mismas manos.