El sábado que Chicago es verde

El sábado que Chicago es verde

Cualquier sábado del año es un buen día para levantarse temprano en Chicago, pero particularmente hoy la primera hora de la mañana es el mejor momento para dejar las sábanas atrás y salir en busca del bus o tren que te deje en el corazón del downtown, eso sí, vestido de verde.

Este es el relato del sábado antes al día de San Patricio, en una ciudad que lo celebra tiñendo su río irreverente.

Los eventos para el festejo se anuncian desde finales de año, bares y restaurantes preparan sus mejores experiencias para recibir a miles de locales y turistas a quiénes ni el tiempo detiene porque a la fecha, el invierno aún no ha terminado y el viento aquí no descansa.

El primer tren desde los suburbios parte a las seis de la mañana. A mi me gusta llegar temprano para lograr un lugar privilegiado entre la múltitud así que hay correr: te alistas con tu mejor outfit (ese que solo se compra para la ocasión)y tiene que ser verde: corbata, un lazo, perlas o un sombrero, nadie puede quedarse sin lucir el charm irlandés.

A las siete de la mañana, detrás de una linea amarilla, entre gritos y risas una multitud alegre trata de quedar frente al vagón principal del tren que abre sus puertas para el recorrido de al menos 40 minutos hasta llegar al Ogilvie Transportation Center.

En el tren no hay edad, todos se suman a la teñida que tras 64 años ya es una tradición local.

En mi vagón tampoco hay espacio, la concurrencia poco habitual del tráfico diario hace escasos los asientos en todos los niveles y yo, junto a la ventana observo un grupo de jovencitos que tratan de bloquear una puerta mientras bailan.

Se escucha la voz del maquinista <<aléjense de las puertas, traten de encontrar un asiento en el piso superior>> lo dice sin éxito, la única norma de este dia es la efervescencia.

En pleno recorrido algunos tratan de actuar con discreción y pasar desapercibidos mientras sacan de sus mochilas latas de cerveza, pequeñas botellas de licor, galones de agua con un particular color a limonada (que no es tal) y hasta vapes para intercambiarlos con amigos y extraños, es un ambiente de fiesta donde parece que toda la ciudad se conociera.

Desde temprano los bares están abarrotados, tienen licencia para operar esa única vez desde temprano y los más encantadores hacen filas antes de que el sol despierte y el espectáculo empiece ¡Vaya forma de celebrar a San Patricio!

La seguridad local es abundante; helicópteros, camionetas, perros y hasta oficiales en bicicleta esperan a las comparsas verdes que abarrotarán los puentes del centro, y aunque te escudriñan con la mirada, cómplices te ignoran porque saben que miles están tratando de disimular que sin importar la hora, ya están bebiendo.

A las diez de la mañana voces empiezan a dispersar a los peatones en los de puentes que están bloqueados y todos buscan abrirse paso a las orillas que dan acceso al River Walk, en las ventanas de los rascacielos y los rooftop abarrotados.

Llegó el gran momento: los plomeros de la ciudad empiezan a hacer su trabajo mientras saludan a los espectadores: un particular polvo naranja sale de sus embarcaciones enumeradas, pequeños botes de patrocinantes hacen piruetas mientras suenan gaitas en los botes turísticos de esta metrópolis, se mezclan sirenas, gritos de alegría y aplausos.

En cuestión de minutos el río está teñido de verde esmeralda, el color del día.

Este año el viento esperó la teñida para irrumpir en la escena, y así la marejada de gente empezó a desplazarse en busca del mejor lugar para la selfie, foto grupal o video viral de este sábado, nadie quiere quedarse sin el registro de su paso por la celebración, este verde irlandés es una señal de unidad en una ciudad que vibra con sus migrantes.

La tradición que establece el ayuntamiento municipal marca un desfile en punto de las 12 de la tarde en Columbus Drive. Con lluvia, viento, nieve o sol resplandeciente, carros, bandas y comparsas se unen para celebrar oficialmente la herencia irlandesa que forma parte de la historia viva de Chicago.

Mientras el desfile ocurre, grupos de amigos y familias caminan peleándose reservaciones en los mismos bares y restaurantes que prometieron a final de año que harían una celebración verde e inolvidable. Caminando hacia la esquina del puente de LaSalle Street una pareja pasea un par de perros con moños gigantes mientras un hombre vestido de Guasón trata de robarles el protagonismo en las fotos de los curiosos transeúntes.

Yo tengo mi propio ritual, antes de irme a celebrar en el restaurant seleccionado para el festejo personal (y petit comité), hago una parada en el emblemático House of Blues de Chicago y aunque igual aún es demasiado temprano, no puedo evitar el liberador perfomance grupal de unirme a todos bailando al ritmo de dancing queen.

Desde hace un par de años, esta celebración se hace cada vez más grande, entre gaitas irlandesas, el jazz, el blues y la magia citadina, el día de San Patricio ahora empieza a escucharse también en español entre los locales. La alegría hispana se hace sentir en medio de la marea verde, entre cumbias, música de banda y vendedores de antojos de feria.

Este sábado verde es también señal que la ciudad está a punto de reconciliarse con la primavera y aunque hoy, después de 4 años, dudé de unirme al festejo porque el termómetro marcaba demasiado frío… arreglé mi outfit, viví el tren, la caminata, el perfomance y recordé que el verde que simboliza la unidad de esta ciudad es también un momento personal para celebrar lo valioso que es vivir en libertad.