La ciudad que te abraza
Noviembre es un mes tentador para llegar a Chicago, la ciudad te recibe con sus nubes bajitas y te advierte lo que está por venir… un invierno prolongado y la incertidumbre diaria por descubrir qué sorpresa te traerá el tiempo.
Ese noviembre cuando llegué aquí descubrí que los copos de nieves sí son como en los dibujos.
Aquí, donde después de una noche gélida el sol amanece templado y el abrigo estorba, aquí donde al instante una intensa brisa te arropa y a media tarde la lluvia te grita que estés preparado para las horas y horas de nieve que harán salir de tu casa una aventura.
La ciudad gótica de luces brillantes, edificios medievales y arquitectura moderna. El centro económico ordenado de norteamérica, donde todo parece planificado a la perfección, el inicio y el fin de cada temporada, el color del río, las lunas, los atardeceres, los latidos suburbanos.
Esta ciudad de película a veces parece inalcanzable como el último tren hacia los suburbios antes de la medianoche, imponente como la torre Trump y su vista al lago Michigan, gigante como la Willis tower, distraída en un paseo por el river walk, alegre como la calle 26 de “la villita”, misteriosa como la noche en Chinatown.
Chicago tiene matices que trascienden más allá de su famosa puerta de la nube (Cloud gate) olvídenlo, aquí todos le dicen “frijol”, contrastes de personas desfavorecidas por la economía, el urbanismo o las políticas locales, historias complejas marcadas por la violencia pero también por la superación, el voluntariado, la cooperación comunitaria, la religiosidad y algo abundante que a quienes venimos de dónde yo vengo nos arrebataron, la libertad de ser libres.
Chicago es un desconcierto de espejos que reflejan las almas de sus ancestros, habitantes, migrantes incrédulos y turistas que bien llegan del otro lado del mundo o de un suburbio lejano a 4 horas en tren.
Pero debo confesarles que hay algo en este descubrimiento de una sinfonía personal que me ha marcado, sea verano o invierno, con sol o nubes bajitas, en mitad del bullicio de un evento en Humboldt park o en el silencio temprano de Logan Square, siempre que lo necesitas, esta ciudad con la fuerza del viento llega y te abraza.