Irresponsables
Una mujer enfrenta al hijo de Nicolás Maduro mientras hace turismo del desastre en medio del acaecido complejo de edificios Hugo Chávez “todos ustedes tienen que ir presos” sentencia, lo dice con una lucidez nacida entre el dolor y la rabia “Yo no perdí una cocina, yo perdí una hija”.
No hace falta decir más nada. En dos frases, Damelis Díaz dimensiona el impacto del doble terremoto en la vida de los sobrevivientes. Su hija de seis años quedó bajo los escombros de uno de las edificaciones prefabricadas de las cuáles al menos 80 de 150 sufrieron daños, según una investigación de Armandoinfo.
4.490 fallecidos, 16.740 heridos y 17.907 personas sin vivienda dicen los datos oficiales ante la duda de quienes miran incrédulos la dimensión de la devastación. La sospecha crece, falta gente, números, no cuentan los desaparecidos en el “balance” que ofrece un vocero conocido por mentir constantemente. No es un experto, es el jefe de campaña del chavismo.
La transparencia total que algunos con frialdad diplomática defienden se hace cada vez más insostenible frente al testimonio de decenas de familias, rescatistas, y organizaciones que hablan de ayuda humanitaria atrapada en medio de trámites burocráticos y pesquizas “Antigolpe” de un régimen que decidió ponerse “exquisito” en medio del desastre.
El control narrativo no alivia el dolor, la propaganda no administra el extravío de miles de familias. No hay argumento sostenible cuando es evidente que todavía hay gente buscando a sus muertos hurgando entre los escombros.
Una vez más hay que decirlo, un mal gobierno no hace que la tierra tiemble pero es el responsable de la toma de decisiones para responder a la tragedia, cada segundo invertido en marketing político puede robarse una vida, la inoperancia quiebra.
Los testimonios se convierten en denuncias: no llegaron a tiempo, no nos ayudaron con nada, aparecieron aquí solo cuando los demás países empezaron a mandar rescate.
Las caras del régimen no generan confianza, no van a ganar legitimidad posando con cascos y chalecos nuevos. Los líderes morales no nacen del branding millonario que promete la regente trajeada con franelas de “Venezuela renace” no hay propagandista que pueda con la contundencia de lo que ha dicho Damelis “todos ustedes tienen que ir presos”.
Son unos irresponsables. Se repite cien veces cada tres minutos entre las voces de la gente y contrasta con la receptividad de los locales a la ayuda internacional.
Los niños guaireños se fotografían con Marines estadounidenses, vecinos le cantan cumpleaños a un rescatista salvadoreño, un joven utiliza el traductor del teléfono para pedirle a un “catire” que no habla español que lo ayude a sacar a su gente, la prensa reseña que funcionarios israelíes trabajan en la zona para elaborar el plan de reconstrucción de la guaira.
Los gobiernos aliados traen alivio, algunos los abrazan, a la administración local otros la miran con desconfianza. Irresponsables
Ese contraste genera una interrogante ¿Es posible la reconstrucción del país cuando quien administra la ayuda son señalados por su ausencia? Los irresponsables que invierten tiempo y dinero en consignas propagandistas, desayunos suntuosos y protocolos absurdos mientras veinte días después en la Guaira hay sobrevivientes durmiendo en las calles.
“Todos ustedes tienen que ir presos” lo dijo Damelis y no dijo nombres, la indignación los identifica, la desconfianza los condena. Quienes pretenden dirigir la reconstrucción son los mismos señalados de privilegiar la propaganda política y la burocracia antes que la respuesta. Ellos, los irresponsables.